lunes, 30 de abril de 2012

TENGO MIEDO DE CUPIDO

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¡Ya está! ¡Ya lo he dicho!

Estoy soltera y, sinceramente no tengo previsto cambiar de estado civil en fechas próximas…

¿Y esto por qué? Por que tengo miedo a enamorarme.

Ha habido hombres en mi vida, claro, pero por mucho que los quiera, ello no supera mi miedo a que me hagan daño…

Probablemente todo me viene de la época del colegio (¿no vienen de ahí todos nuestros temores e inseguridades?)… Ahí fue donde aprendí a no confiar en las que se decían mis amigas y cuán ridículo se puede volver un tío cuando se sabe objeto de adoración…

Recuerdo que me gustaba un chico y a mi amiga, su hermano. Como buenas amigas hicimos un pacto de silencio. Lo malo fue que ella se declaró al que le gustaba y ni corta ni perezosa le soltó a al hermano lo que yo sentía por él…

Recuerdo cómo me sentí… recuerdo odiarla como a nadie. Recuerdo la mirada de él, Daniel, que se lo había contado a todo el que quisiera oírle. Recuerdo las risas contenidas (o no), las miradas de reojo, los cuchicheos…

Ahí fue donde decidí NUNCA jamás contarle a nadie lo que me pasara la mente ni el corazón. Nunca más volverían a traicionarme…

Luego vinieron otros, pero con ninguno llegó la cosa a buen puerto…

Miguel… Miguel vivió una temporada cerca de mí… Pero los dos éramos TAN tímidos (y tan tontos) que ninguno se atrevió a dar el primer paso y para cuando nos dimos cuenta de que éramos correspondidos… su familia se mudó y él con ellos, claro…

Víctor fue el siguiente en herirme. Cuando estuvo seguro de que había caído en sus redes, puso todo su empeño en dejarme en ridículo ante los demás, en plan: mirad a la pobre como suspira por mi…Con lo que no contó fue que me di cuenta de cual era su verdadero rostro y me alejé cuanto pude de él… para que viniera tras de mí(con su nuevo ligue), poniéndose lo más a la vista posible para… ¿hacerme sufrir? El hielo con el que envolví mi corazón cuando me di cuenta de cómo era (suena cursi, pero así fue), hizo que el desdén fuera mi más sincera respuesta a sus esfuerzos pueriles por demostrarme… no sé bien el qué…

Diego… bueno, Diego resultó estar casado y con un hijo en camino, así que…

Y ahora estoy sola… y aunque me digo a mí misma que estoy bien, que no necesito un hombre a mi lado para ser feliz, también reconozco que me encantaría encontrar a esa persona que me haga reír, que me comprenda, me abrace y me mime y al que poder dar todo el cariño que sé que llevo guardado dentro, debajo de todas esas capas de miedo…

Sé que no soy fácil. Sé que cuesta acercarse a mí. Sé que, probablemente doy la imagen de tía estirada que no quiere que se le acerque, pero ¿sabes qué? Que esa imagen es fachada, es el muro que he construido a mi alrededor para que nada me afecte, para que nadie me haga daño…

¿Estará por ahí Ese que, como un Indiana Jones de barrio, descubra que esa fachada de tía dura, que parece que está de vuelta de todo, es tan blanda como el osito de Mimosín y consiga subir a mi torre y conquistarme cual caballero de brillante armadura (luego diré que no me gusta la literatura romántica Lengua fuera)?

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